Veraneaba una derivada enésima en un pequeño chalet situado
en la recta del infinito del plano de Gauss, cuando conoció a un arcotangente
simpatiquísimo y de espléndida representación gráfica, que además pertenecía a
una de las mejores familias trigonométricas.
Enseguida notaron que tenían propiedades comunes.
Se dieron cuenta de que convergían hacia límites cuya
diferencia era tan pequeña como se quisiera. Había nacido un romance.
Acaramelados en un entorno de radio épsilon, se dijeron mil teoremas de amor.
- ¿No sientes calor? - dijo ella
- Yo si. ¿Y tú?
- Yo también.
- Ponte en forma canónica, estarás mas cómoda.
Entonces él le fue quitando constantes. Después de
artificiosas operaciones la puso en paramétricas racionales...
- ¿Qué haces? -dijo ella.
Él acarició sus máximos y sus mínimos y ella se sintió descomponer en fracciones.
- Me da vergüenza...
- ¡Te quiero, estoy inverso por ti! Déjame besarte la
ordenada en el origen. Ven, dividamos por un
momento la nomenclatura ordinaria y tendámos juntos hacia el infinito...






